domingo, 29 de marzo de 2015

PARA ACABAR CON EDDY BELLEGUEULE



AUTOR: Édouard Louis
EDITORIAL: Salamandra
Nº DE PÁGINAS: 192
ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda
PRECIO: 16 














Las palabras duelen, hieren y hacen daño. El daño infligido por un golpe nos causa dolor, pero a medida que pasan los días el moretón se desvanece y su huella se borra como si nunca hubiera estado ahí, nos deja incólumes y el daño aparentemente jamás se ha producido, sin embargo, las palabras vuelven cuando menos lo esperamos haciendo reabrir la herida, dejándola al descubierto y supurando, y es que nunca somos conscientes del poder que ejercen las palabras, porque al fin y al cabo, nunca se acostumbra uno a que lo insulten.


Eddy Bellegueule es pobre, vive en un pequeño pueblo del norte de Francia que parece ajeno al hecho de que el mundo cambia. Las costumbres pasan de una generación a otra sin cuestionarlas, sus habitantes parecen tener su destino predeterminado incluso antes de nacer, ya que todo sigue un orden lógico: estudios básicos - inserción laboral en la fábrica del pueblo - matrimonio - hijos, siempre ha sido así y ¿para qué cambiarlo? Eddy Bellegueule vive con su padre alcohólico y al paro, su madre (que debe trabajar para sustentar a la familia) y sus hermanos. Eddy Bellegueule es gay, en 2013 cambió su nombre por el de Édouard Louis y en 2014 publicó un libro: Para acabar con Eddy Bellegueule.

Eddy Bellegueule tiene unos acusados modales femeninos; gesticula de forma exacerbada al hablar, tiene la voz aguda... y lo más importante: es diferente, y eso en un pueblo alejado y de miras estrechas es sinónimo de estigma, algo que debe señalarse por si acaso se corre el riesgo de que sea patógeno, por lo que no tarda en convertirse en el blanco de los cuchicheos, las miradas reprobatorias, los insultos, los golpes y las burlas de sus amigos y de su familia.

Mis padres lo llamaban <<darse aires>>, me decían Deja ya de darte aires. Se preguntaban ¿Por qué se porta Eddy cómo una tía? Me ordenaban: Cálmate. ¿No puedes dejar de gesticular como una loca? Creían que yo había elegido ser afeminado, como si fuera una estética personal a la que me hubiera apuntado para disgustarlos.

Eddy vive asfixiado, ahogándose en un entorno que le culpa por ser él mismo, su infancia se desarrolla entre vejaciones, abusos, golpes e insultos. Su única arma para sobrevivir es intentar cambiar, mimetizarse con su entorno para ser uno más, anularse...pero de nada le sirve, porque es difícil fingir ser alguien que no somos, así que sólo cuenta con dos recursos más: la sumisión y el silencio para poder malvivir, haciéndose cómplice de sus acosadores, hasta que las posibilidades se reducen a una sola: huir.

Era sólo esta idea: aquí no nos vería nadie, nadie se enteraría. Había que evitar los golpes en otro sitio, en el patio, delante de los demás, evitar que los demás niños me tuvieran por el que recibe los golpes. Habría sido confirmarles las sospechas: Bellegueule es un marica porque le pegan (o al revés, que más da).

El libro logra conjugar dos estilos de forma extraordinaria, por una parte el de Eddy Bellegueule, el narrador de la historia y por otra la jerga propia de los habitantes del pueblo, en su mayoría trabajadores de la fábrica de latón ubicada en la localidad. La narración salta de personajes a anécdotas diferentes, haciendo una composición a veces algo confusa de la infancia de Eddy. El lenguaje utilizado destila desesperación, violencia y hace patente la presencia de esta última en lo cotidiano, la violencia deja de percibirse porque pasa a ser algo común y normalizado.

No sé si los chicos del pasillo habrían dicho que su forma de comportarse era violenta. En el pueblo, los hombres no decían nunca esa palabra, en sus labios no existía, la violencia era algo natural, evidente.

La historia esta ahí para hacernos testigos, para tener presentes todos los errores cometidos y no volver a caer en ellos, pero en no pocas ocasiones la historia esta ahí para reproducirse como un bucle infinito. Los atavismos construyen la sociedad y es ella quien dicta como debemos comportarnos: las mujeres sumisas, los hombres dominantes y viriles, todos vivimos presos de estereotipos ya construidos, que de un modo u otro dictan como debemos ser. ¿Y qué pasa con aquellos que tienen la osadía de tener un pensamiento original y propio?, ¿qué no encajan en el orden preestablecido? los señalamos y los etiquetamos porque son distintos. Todos somos iguales, pero en realidad no es así, todos somos diferentes y eso es algo magnífico: distintas perspectivas, distintas culturas, diversas formas de ver y entender el mundo que convergen en el enriquecimiento y el aprendizaje. Así que, sintámonos orgullosos de ser nosotros mismos, de ser diferentes, únicos e irrepetibles.

Para acabar con Eddy Bellegueule es un libro que duele, que desgarra ,pero que por eso mismo debe ser leído.

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